domingo, 25 de diciembre de 2011

FILATELIA COLECCIONISMO


Filatelia
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 Coleccionismo
 Inicios
En París, el conde de Villayer, en 1653, implantó ya la venta de unos sobres uniformes para la correspondencia, que se ofrecían a dos sueldos, pero fracasó en su empeño. Hasta el siglo XIX, en 1839, no resurge de nuevo la idea, creación de un maestro de escuela inglés, Rowland Hill, progresista y emprendedor. Propuso al gobierno un plan para pago previo del transporte postal mediante sellos o estampillas adheridas, que fue aceptado, poniéndose en circulación los primeros el 6 de mayo de 1840. Un año después hay ya noticia del primer coleccionista, un tal doctor Gray, cuya afición fue origen de las burlas de sus contemporáneos.
El coleccionismo y su influencia
Es grande el influjo educativo de la filatelia, pues todo coleccionista aumenta sensiblemente su caudal de conocimientos, sin necesidad de penosas y largas horas de estudio. Los conocimientos de historia, geografía, van atesorándose, y crece el afán de saber más y más sobre países, hombres, paisajes, a los que nos asomamos mediante esas ventanitas del mundo que son los sellos. Ya en los primeros tiempos de la filatelia se intuyó su capacidad pedagógica y fue introducida oficialmente en las escuelas británicas en una reglamentación de 1855, como deporte y cultura. El sello tiende, por lo general, a aumentar de valor al disminuir el número de ejemplares de cada emisión por perdidas y deterioros; este incremento de valor, a veces, resulta asombroso, llegando a multiplicar por mil o dos mil su valor primero. Si la selección de los ejemplares se hace con acierto, constituye siempre una inversión y una garantía económica para el día de mañana. El ejercicio de la filatelia desarrolla cualidades de orden y cuidado, de pulcritud y esmero. Desarrolla el espíritu analítico y de observación.
Formas de coleccionar
Los sellos pueden adherirse al álbum con fijasellos, también llamado charnela (del francés charnière), papel engomado y transparente que se utiliza doblado. Sin embargo, esta es una práctica en total desuso, ya que provoca la pérdida (mayor o menor según el sello) de parte del valor de las piezas debido a que al quitar el fijasellos del sello siempre deja una señal en la goma. En los catálogos suele haber dos listas de precios, uno para los sellos sin señal de charnela y otra, de cotizaciones siempre inferiores, para piezas con señal de charnela. Es preferible el uso de los filoestuches, que permiten poner y quitar los sellos del álbum para examinarlos y que, al contrario que los fijasellos, no les producen ninguna agresión. Son instrumentos útiles para el filatelista el filigranoscopio al que ya nos hemos referido; el odontómetro, que es una lamina de cartón o plástico con hileras rectas de puntos de diferente grueso y separación, que nos indican cuantos dientes del perforado de un sello entran en dos centímetros. Se ajusta el margen del sello sobre estas hileras hasta encontrar la que coincide con la perforación de nuestro ejemplar. Diremos que un sello es de dentado 12, si entran 12 dientes en un espacio de 2 centímetros. Las pinzas, empleadas para coger el sello, evitan que este se doble o manche, y la lupa puede permitirnos apreciar detalles distintivos imposibles de observar a simple vista. Los catálogos, obras cuidadosamente preparadas en las que figuran por orden de aparición y de emisión todos los sellos del mundo, son indispensables al coleccionista. Sirven de base para ordenar las colecciones, dictan criterio sobre cuales ejemplares deben o no considerarse con valor filatélico, y fija un valor monetario a cada sello, que se aplica no sólo a operaciones de compra y venta, sino a las transacciones o cambios. Los catálogos aparecen anualmente y los mas famosos y vendidos universalmente son el de Ivert-Tellier, frances, el de Gibbons, ingles, y el de Scott, norteamericano.
Los mejores álbumes para sellos son aquellos que permiten intercalar hojas sueltas en las cuales se fijan los últimos ejemplares al final de cada país. En el comercio existen álbumes para principiantes y para coleccionistas de importancia, de hojas. Entre los coleccionistas más destacados citaremos a Jorge VI, el fallecido rey de Inglaterra, cuya colección fue comenzada por Eduardo VII y cuenta con numerosas rarezas. Otro coleccionista distinguido fue Franklin D. Roosevelt. El rey Victor Manuel de Italia y el zar de Nicolás de Rusia fueron también filatelistas. Indudablemente, la colección más famosa ha sido la de Von Ferrari, comenzada en 1865 y vendida en subasta en París en 1923 por dos millones de dólares.

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